martes, 2 de abril de 2013

Toallas

Algo tan prosaico como las toallas del hotel a las que generalmente no les hago mucho caso me llamaron profundamente la atención viajando por estas tierras. Pero no por las toallas en si, blancas y anodinas, sino por la costumbre de disponerlas cada día sobre la cama, primorosamente,  de mil formas y maneras que raramente se repetían.

He aquí algunos ejemplos para que juzguen ustedes mismos.


Los clásicos cisnes enfrentados con la cola abierta en abanico cual pavos reales.
Un patito
 
Unas flores de loto sobre el agua




¿Una vela sobre una flor de loto?.


O estos cisnes formando un corazón. 






Realmente imaginativos estos chicos. Me pregunto que opinaría el gerente de cualquier hotel occidental si alguno de sus empleados se entretuviera en hacer esculturas con las toallas
. Seguro que cronómetro en mano estallaría de ira por la baja productividad de sus empleados.

viernes, 22 de marzo de 2013

Amores al viento



Paseando por un templo en Tailandia encontré este árbol cargado de campanas.




La campana tibetana es un instrumento ritual que simboliza el saber, la compasión y la sabiduría que conducen al estado de Buda y a la iluminación.  También representa un cáliz invertido: símbolo de lo femenino, creador de vida.

A mí estas campanas con sus corazones colgantes sobrescritos, en los que no entiendo lo que pone,  me recuerdan la moda de las parejas de novios de enganchar un candado con sus iniciales en los puentes. Costumbre que no acierto a comprender: ¿Es amor un amor encadenado?.


                                           Foto blog: Ni me va ni me viene


Me gusta imaginar que las inscripciones son los nombres de los enamorados que han puesto las campanas para que el viento al mecerlas esparza su amor con su sonido. Volamos juntos porque queremos, no porque nada nos ate ni nos obligue.




Claro que a veces el amor, como el viento, viene y va. Esto me recuerda el poema de Agustín García Calvo cantado por Amancio Prada Libre te quiero

Libre te quiero
como arroyo que brinca
de peña en peña,
pero no mía.

Grande te quiero
como monte preñado
de primavera,
pero no mía.

Buena te quiero
como pan que no sabe
su masa buena,
pero no mía.

Alta te quiero
como chopo que al cielo
se despereza,
se despereza,
pero no mía.

Blanca te quiero
como flor de azahares
sobre la tierra,
pero no mía.

Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

martes, 5 de marzo de 2013

Protocolos médicos


Hasta llegar aquí yo pensaba que la medicina occidental era algo bastante estandarizado, con unos protocolos médicos  semejantes, independientemente de donde estuviera uno. ¡Que equivocado estaba!.

Esta mañana acudí al hospital a la consulta del podólogo para que me quitaran un ojo de gallo que tengo entre dos dedos de los pies, algo que ya había hecho antes en España y que no llevaba más de 10 minutos en los que el podólogo con un bisturí elimina la dureza de la piel sin mayores problemas, y sin causar herida alguna a la epidermis que hay debajo. Todo empezó de una forma más o menos normal. El doctor inspeccionó el pié y dijo que no había ningún problema en quitarlo, que si me venía bien venir al día siguiente. Accedí. En ese momento su asistente empezó a pasarme a firmar un montón de papeles : descargo de responsabilidad del hospital en caso de que algo saliera mal y presupuesto de la operación (12.500.000vnd) que tendría que pagar yo si el seguro no se hacía cargo. Mientras firmaba le pregunté al Dr. si no le parecía un poco excesivo para quitar un ojo de gallo. A lo me contestó que los dedos sangraban mucho y tendría que hacerme un torniquete. A continuación me pidió que siguiera a su asistente para ver al anestesista!!.

Mientras esperaba para ver al anestesista mi imaginación empezó a dispararse. ¿Pero que quieren hacerme en el pié? Si esto es una práctica incruenta que ya me han hecho otras veces en España sin hacerme daño, sin que salga una gota de sangre, en solo 10 minutos, y llevo aquí con los preparativos medía mañana. El pulso empezó a acelerarse, la boca se me secó, sudores fríos recorrían mi frente. Me imaginaba al doctor con una moto-sierra….En este momento me tocó el turno de entrar a ver al anestesista, el cual me explicó que tendrían que ponerme anestesia general !!.   No pude más, salí corriendo presa de un ataque de pánico ante lo que pudieran estar tramando los doctores.


 

Ya en la calle me tocó lidiar con dos conductores de moto-taxi que se peleaban entre ellos para llevarme. Supongo que peleaban pensando en el jugoso beneficio que esperaban sacar estafando a un occidental con dinero, cobrándome diez veces más de lo que cuesta el trayecto. Sobra decir que no utilicé sus servicios.

Está historia me recuerda otra de unos amigos que fueron con su bebé al hospital porque tenía un poco de fiebre. Hospital en el que recibieron una atención médica absolutamente normal hasta que llegó el momento de irse y el personal del hospital les dijo que el bebe tenía que pasar allí la noche.  Según les explicaron: ya era de noche, en el hospital moría gente y había muchos espíritus que podían seguir al bebe. Tenían que dejar allí al bebe para llevárselo a la mañana siguiente mientras, como todo el mundo sabe, los espíritus duermen y no iban a seguir al bebe. Incomprensiblemente no les hicieron caso. Pero tranquilos: al llegar a casa su asistenta coció un huevo con el que “ungió” al bebe para librarlo de todo mal. El bebe se encuentra perfectamente.

domingo, 10 de febrero de 2013

Cenizas en el arrozal



Como decían en Galicia cuando yo vivía allí: uno nace donde nace y muere donde nació su mujer, haciendo referencia a la tendencia habitual en muchas féminas a apegarse a la familia. Tendencia que acaba arrastrando a su pareja.  Pero este post, no va de sexismo sino de las diferentes mentalidades a la hora de ver donde le gustaría uno morir y ser enterrado.  Hay quien quisiera pasar sus últimos días en la tierra que le vió nacer y crecer. Otros, sobre todo personas de climas fríos y lluviosos, prefieren buscarse un clima cálido donde pasar sus últimos días, y hay quien busca un sitio donde la vida sea barata para poder vivir holgadamente sus últimos días.

Cuando llegué a Vietnam me sorprendió ver los campos de arroz salpicados de sepulturas. Luego me explicaron que los cultivadores de arroz habitualmente quieren ser enterrados en sus tierras, donde han pasado toda la vida trabajando. 

 


Desde entonces cada vez que tomo un plato de arroz pienso que el mismo ha sido cultivado sobre las cenizas de los ancestros del propietario.

jueves, 29 de marzo de 2012

Moho

Todo empezó con unos pequeños puntitos en la ropa. Un día al abrir el armario observe que la chaqueta presentaba unos pequeños puntos; se habrá manchado pensé, sin darle mayor importancia y la mande lavar.

Craso error, al poco volvieron a parecer y se fueron haciendo cada vez más grandes hasta que algunas zonas de la ropa adquirían un jaspeado verdoso; era moho!!!.

Desde aquella aciaga mañana mi vida se ha convertido en una lucha continua, ya no solo tengo que vigilar a las hormigas. Con las que había llegado a un tácito acuerdo; yo las dejaba unas miguitas en un extremo de la habitación para que se alimentaran y ellas entretenidas en el festín me dejaban tranquilo sin adentrarse en el resto de la habitación. Mi estrategia ha fracasado estrepitosamente, con la buena alimentación el hormiguero debe de haber crecido considerablemente, ya no se conforman con una esquina y a cada rato debo quitarme alguna exploradora que sube por mis brazos o piernas.

Como iba diciendo todo empezó con unas pequeñas motas en la ropa que se van haciendo cada vez más frecuentes. Basta con dejar algo de ropa unos días en el armario para que hagan acto de presencia. Poco a poco, a pesar de la incesante lucha de limpieza y ventilación para reducir la humedad el moho verde va extendiendo sus dominios; después de invadir la ropa del armario han comenzado a aparecer manchas de moho en los zapatos, las fundas de las raquetas, las maletas….de noche cuando me acuesto siento su presencia por todas partes. Saco tímidamente la cabeza de debajo del edredón, entre las sombras me parece ver, temeroso, como la mancha verde se va extendiendo cubriendo todo con un jaspeado verde que va cerrándose a mí alrededor cercando mi refugio.












He ido a coger el reloj y también él ha sucumbido al inexorable ataque del moho. Y he pensado: pero ¿cuánto tiempo llevo aquí?. Creo que ya es hora de volver.